miércoles, 26 de agosto de 2009

La culpa de las cosas

Si hay algo que ME PARTE es la gente que tiene el tupé recopado de echarle la culpa a las cosas.
La culpa de sus desgracias a tal objeto, la culpa de ser tan hijo de puta a tal otro; o al clima o la sanputa; o sea: el tupé de echarle la culpa a cualquier SUSTANTIVO; diría aquella maestra mía de lengua que juraba que era la madrina del hijo de Florencia Peña. ¿Ah, que mierda tenía que ver esto? Bueno, me acordé y suelo irme por las ramitas. Prosigo:
Hablo de esa gente que se revienta el dedo meñique contra la pata de la mesa y grita:

¡Mesa y la r******* bien p*** de tu madre!

Nooo chicos; esto no va, ¡un poco de educación! (?) ¿Qué culpa tiene la trola mesa? Bastante se la banca cuando le apoyamos platos calientes encima, pobrecita; como para que la anden puteando por el simple hecho de ser mesa, permanecer y existir abstractamente.
Vos pusiste la mesa ahí. Vos calculaste mal y te rompiste el pie contra ella.
La ART no sólo no te cubriría, sino que te haría indemnizar a la mesa. Tampoco podemos buscar la culpa en otros; no podemos putear al que la fabricó, ni al fletero que la trajo ni a la madera/caño por ser materiales duros. Vos sos el pelotudo cuando le echás la culpa a las cosas.

Otros casos así son por ejemplo:
  • Putear al celular por que vos pelotudo gastaste el crédito;
  • Putear al compañero de la facu que entregó el trabajo práctico rápido y ahora vos pelotudo irresponsable no tenés de donde copiarte;
  • Putear al colectivo que no viene mientras vos infeliz ya habías salido tarde;
  • Putear otros etcéteras.
Es tan fácil echarle la culpa a otros; más que nada si son indefensas cositas. Si algo sale bien; fué porque vos hiciste bien las cosas; si algo sale mal, jodete por ser vos tan pelotudo.

Si hay un ícono en mi casa que habremos puteado yo y mis hermanos; es la alacena a altura de 1,60 que tenemos en la entrada de la cocina.
Cuando éramos chiquitos, pasábamos por abajo de la alacena. Pero en determinado momento de la vida; ¡PUM!
Romperte la sien contra esa alacena era pasar a otra etapa de la vida. No sólo porque nunca te ibas a olvidar de semejante golpe (porque pasabamos rápido y seguros hasta que cuando nos estirábamos; de repente nos golpeábamos con todo el mambo) sino porque mi vieja y mi papá nos festejaban diciendo:- "Ya estás grande, creciste" en vez de traer hielo y carilinas para sonarnos los mocos del llanto que habíamos pegado.
Eran lindas épocas las de romperse la cabeza contra la alacena. Después del dolor y lágrimas decíamos "Ah, pero ahora ya SOY GRANDE". Que grosos tremendos que éramos, eh (?).

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Martinto dijo...

jajjaa me rei mucho con el post. La frase en casa es "quien fue el pendejo que puso la maceta en la mitad de camino"